El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por integrantes de Al Qaeda. Dos impactaron contra el World Trade Center, otro contra el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania. Murieron 2.977 personas y las consecuencias políticas, militares y sociales todavía perduran.

Este viernes se cumplen 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, una jornada que quedó grabada como una de las más trágicas de la historia contemporánea y que modificó para siempre la seguridad aérea, la política exterior de Estados Unidos y la manera en que el mundo enfrentaría al terrorismo.

Aquella mañana, 19 integrantes de la organización terrorista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales que habían despegado desde aeropuertos estadounidenses. En menos de dos horas, las imágenes de las Torres Gemelas ardiendo y desplomándose recorrieron el planeta en vivo.

Los ataques dejaron 2.977 víctimas, sin contar a los 19 secuestradores, y miles de personas heridas. Fue el atentado terrorista más letal cometido en territorio estadounidense.

Una mañana que paralizó al planeta

A las 8.46, el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York. En un primer momento se creyó que podía tratarse de un accidente.

Sin embargo, a las 9.03, el vuelo 175 de United Airlines chocó contra la Torre Sur. El segundo impacto, transmitido en directo por las principales cadenas de televisión, confirmó que Estados Unidos se encontraba bajo ataque.

A las 9.37, el vuelo 77 de American Airlines impactó contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa, ubicado en las afueras de Washington.

Mientras tanto, pasajeros y tripulantes del vuelo 93 de United Airlines descubrieron lo que estaba ocurriendo y decidieron enfrentarse a los secuestradores. El avión cayó a las 10.03 en un campo cercano a Shanksville, Pensilvania, antes de alcanzar el objetivo que los atacantes tenían previsto en Washington.

La Torre Sur se derrumbó a las 9.59. La Torre Norte colapsó a las 10.28. En apenas 102 minutos, los dos edificios que habían formado parte del paisaje de Nueva York durante casi tres décadas desaparecieron entre fuego, humo, polvo y escombros.

La investigación oficial determinó que los atentados fueron planificados por Al Qaeda bajo el liderazgo de Osama bin Laden. La Comisión del 11-S fue creada para reconstruir las circunstancias de los ataques, analizar las fallas de prevención y formular recomendaciones para evitar nuevos atentados. Comisión Nacional del 11-S

Casi tres mil víctimas y una ciudad cubierta de cenizas

Entre las víctimas se encontraban trabajadores de las Torres Gemelas, pasajeros y tripulantes de los cuatro aviones, personal del Pentágono, policías, bomberos, rescatistas y personas que se encontraban en los alrededores.

En Nueva York murieron más de 2.700 personas. Entre ellas había 343 integrantes del Departamento de Bomberos de Nueva York, quienes ingresaron a los edificios mientras miles intentaban escapar.

En el Pentágono perdieron la vida 184 personas, mientras que otras 40, entre pasajeros y tripulantes, murieron a bordo del vuelo 93 en Pensilvania.

Muchas familias nunca pudieron recuperar los restos de sus seres queridos. Para ellas, el espacio donde se levantaban las Torres Gemelas se transformó también en un lugar de duelo.

Las enfermedades que aparecieron años después

La tragedia no terminó cuando finalizaron las tareas de rescate.

Bomberos, policías, trabajadores, voluntarios y habitantes del sur de Manhattan estuvieron expuestos durante meses al polvo tóxico liberado tras los derrumbes. Con el paso del tiempo, miles desarrollaron enfermedades respiratorias, distintos tipos de cáncer y otras patologías relacionadas con aquella exposición.

En la ceremonia de 2026 se incorporó por primera vez un séptimo minuto de silencio, destinado a recordar a quienes murieron posteriormente como consecuencia de enfermedades vinculadas con los atentados y las tareas de recuperación. Cobertura del 25.º aniversario

Las guerras posteriores al ataque

El 11-S produjo una transformación inmediata en la política exterior estadounidense.

El gobierno de George W. Bush declaró la llamada “guerra contra el terrorismo” y, semanas después, Estados Unidos inició la invasión de Afganistán con el objetivo de desarticular a Al Qaeda y remover del poder al régimen talibán, acusado de brindarle protección.

En 2003 comenzó también la guerra de Irak, aunque nunca se demostró que el gobierno de Saddam Hussein hubiera participado en los atentados del 11 de septiembre.

El nuevo escenario abrió décadas de conflictos armados, operaciones militares, restricciones, desplazamientos y víctimas civiles. Osama bin Laden fue localizado y abatido por fuerzas estadounidenses en Pakistán el 2 de mayo de 2011, casi diez años después del ataque.

El nacimiento de una nueva seguridad mundial

Después de los atentados se reforzaron de manera drástica los controles en aeropuertos y fronteras.

Se endurecieron las revisiones de pasajeros y equipajes, se blindaron las puertas de las cabinas de los aviones y se ampliaron las facultades de vigilancia de los organismos estatales. Estados Unidos creó además el Departamento de Seguridad Nacional.

Muchas de aquellas medidas se extendieron a otros países y terminaron formando parte de la vida cotidiana de millones de viajeros.

El ataque también generó debates que continúan abiertos: hasta dónde puede avanzar un Estado en la vigilancia de la población, qué límites deben mantenerse para proteger las libertades individuales y cuáles fueron los costos humanos y políticos de las guerras iniciadas posteriormente.

El mundo vio la tragedia en directo

El atentado tuvo una particularidad que amplificó su impacto: millones de personas observaron el segundo choque y el posterior derrumbe de las torres prácticamente en tiempo real.

Las imágenes atravesaron fronteras y quedaron registradas en la memoria colectiva. Para una generación completa, el 11 de septiembre marcó una división entre el mundo conocido hasta entonces y el que comenzó después.

Junto con el horror, también quedaron las historias de quienes ayudaron a desconocidos, de los rescatistas que ingresaron a los edificios y de los pasajeros del vuelo 93 que intentaron recuperar el control del avión.

Nueva York recordó a las víctimas 25 años después

Este viernes, familiares, sobrevivientes y autoridades participaron en ceremonias realizadas en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania.

En el Memorial del 11-S volvieron a leerse los nombres de las víctimas y se realizaron momentos de silencio en los horarios exactos de los impactos, los derrumbes, el ataque al Pentágono y la caída del vuelo 93.

El presidente Donald Trump encabezó la conmemoración en el Pentágono, mientras que expresidentes y otras autoridades participaron del acto en la zona cero de Nueva York. Associated Press

A un cuarto de siglo, el lugar donde se levantaban las Torres Gemelas conserva dos enormes estanques rodeados por los nombres de quienes murieron. Allí, el agua desciende permanentemente sobre las huellas de los edificios.

Veinticinco años después, el 11-S continúa siendo una herida abierta, una advertencia sobre las consecuencias del fanatismo y un punto de quiebre cuyos efectos políticos y humanos todavía forman parte del presente.