Cada vez más usuarios aseguran recibir llamadas en las que, después de atender, nadie responde y la comunicación se corta a los pocos segundos. Aunque puede tratarse de un error, una falla técnica o una campaña comercial, especialistas advierten que algunas de estas llamadas automatizadas podrían utilizarse como paso previo a diferentes intentos de fraude.

Esta modalidad es conocida como “robocalling” y consiste en el empleo de sistemas informáticos capaces de marcar miles de números telefónicos en pocos minutos. Estas herramientas también tienen usos legítimos, como recordatorios de turnos, avisos de servicios o campañas informativas, pero pueden ser aprovechadas por delincuentes.

En ciertos casos, el objetivo de la llamada silenciosa sería comprobar si una línea se encuentra activa y si una persona responde habitualmente. Esa información podría incorporarse a bases de datos utilizadas posteriormente para realizar nuevos contactos fraudulentos.

Sin embargo, es importante aclarar que atender una llamada o decir “hola” no permite, por sí solo, acceder a una cuenta bancaria ni retirar dinero. El peligro aparece cuando, en una comunicación posterior, los estafadores consiguen que la víctima entregue información confidencial, realice una transferencia o instale una aplicación en su teléfono.

El engaño puede continuar con una segunda llamada

Luego del primer contacto, los delincuentes pueden comunicarse nuevamente y presentarse como empleados de un banco, representantes de una billetera virtual, personal de una empresa de servicios o integrantes de algún organismo público.

También pueden afirmar que se detectó una compra desconocida, que una cuenta está bloqueada, que existe un premio pendiente o que es necesario actuar con urgencia para evitar la pérdida de dinero.

A través de estas maniobras de ingeniería social, también conocidas como vishing cuando se realizan por voz, buscan generar miedo, confianza o urgencia para conseguir datos personales y financieros.

Entre la información que suelen intentar obtener aparecen:

Usuarios y contraseñas bancarias.
Códigos recibidos por mensaje de texto o WhatsApp.
Claves token y códigos de verificación.
Datos completos de tarjetas.
Acceso a billeteras virtuales.
Fotografías del DNI.
Transferencias hacia supuestas “cuentas seguras”.

Los delincuentes también pueden pedir que la persona descargue una aplicación para “solucionar el problema”. En realidad, podría tratarse de un programa de acceso remoto que les permita observar o controlar el teléfono.

Cómo actuar ante una llamada sospechosa

Si se recibe una llamada silenciosa o automatizada, se recomienda cortar la comunicación y bloquear el número. También es conveniente evitar presionar opciones para comunicarse con un operador, ya que esto podría confirmar que la línea está activa.

Ante una llamada de alguien que dice pertenecer a un banco o empresa, lo más seguro es finalizar la comunicación y contactarse personalmente mediante el número oficial publicado en su página web o aplicación.

Las entidades financieras nunca solicitan por teléfono contraseñas, códigos de seguridad, claves token ni transferencias para proteger una cuenta. Tampoco se debe confiar únicamente en el número que aparece en pantalla, porque la identificación de la llamada puede ser falsificada.

Qué hacer si se brindaron datos

Si una persona entregó información confidencial, ingresó a un enlace, instaló una aplicación o realizó una transferencia, debe comunicarse inmediatamente con su banco o billetera virtual para bloquear los accesos y desconocer las operaciones.

También se recomienda cambiar las contraseñas desde un dispositivo seguro, conservar capturas de pantalla, números telefónicos y comprobantes, y efectuar la denuncia correspondiente.

Una llamada silenciosa no significa necesariamente que exista una estafa en marcha, pero puede funcionar como una señal de advertencia. Frente a cualquier comunicación inesperada, la principal recomendación es no compartir información, cortar y verificar por los canales oficiales.