Se trata de 35 fotografías históricas que documentan el complejo rescate de cuatro gigantescas máquinas abandonadas en las islas tras el fracaso del Proyecto Lechiguanas. El material pasará a formar parte del Archivo de Documentación Histórica del Museo Paleontológico de San Pedro.
Un valioso capítulo de la historia industrial de la región acaba de quedar preservado para las futuras generaciones. El Museo Paleontológico de San Pedro incorporó a su Archivo de Documentación Histórica 35 fotografías inéditas que registran el extraordinario operativo de rescate de las enormes dragalinas utilizadas en el Proyecto Lechiguanas, una de las iniciativas de recuperación de tierras más ambiciosas desarrolladas en el Delta argentino.
Las imágenes fueron cedidas por Rodolfo Nelson González, fundador de la empresa Tecmaco, con la colaboración de Claudio Navarrete, quien actuó como nexo entre el empresario y el Grupo Conservacionista del museo.
Una apuesta que parecía imposible
La historia se remonta a comienzos de la década de 1960, cuando el Proyecto Lechiguanas buscó incorporar más de 11.000 hectáreas de islas a la producción agropecuaria. Para ello se importaron cuatro dragalinas BLH Lima Hamilton 1200 SC, de unas 120 toneladas cada una, consideradas en ese momento las más grandes que habían ingresado al país.
Sin embargo, una inundación extraordinaria destruyó los terraplenes y provocó el abandono total del emprendimiento. Las máquinas quedaron durante años bajo el agua, fueron saqueadas y muchos las consideraban irrecuperables.
En 1991, cuando daba sus primeros pasos como empresario, Rodolfo González decidió adquirir las cuatro dragalinas en un remate judicial.
«Era una apuesta muy riesgosa, pero veía en ellas una oportunidad única», recordó.
Un año de trabajo entre barro, pantanos y víboras
El rescate se desarrolló en el Arroyo Los Lobos, sobre el Paraná Guazú, en condiciones extremadamente adversas.
Los operarios trabajaban durante semanas internados en las islas, rodeados de barro, bañados y pantanos, utilizando un barco, excavadoras, tractores, casillas y sistemas de aparejos para mover lentamente las enormes estructuras hasta planchones preparados para su traslado.
Cada una de las dragalinas demandó entre quince y veinte días de trabajo, mientras que la recuperación total de las cuatro máquinas llevó prácticamente un año.
Finalmente, todas fueron reconstruidas y volvieron a prestar servicio, demostrando que un desafío que parecía imposible podía concretarse con conocimiento, perseverancia e ingenio.
Todo aquel operativo fue registrado por el fotógrafo José María «Chacho» Stiefkens, colaborador de González.
Tras conocer el trabajo de preservación histórica que realiza el Museo Paleontológico de San Pedro, Claudio Navarrete impulsó la donación del material para que las imágenes pasen a integrar el patrimonio documental de la institución y puedan ser compartidas con toda la comunidad.
Desde el Museo agradecieron especialmente a Rodolfo González y Claudio Navarrete por confiar este valioso testimonio histórico, que rescata no solo una hazaña de ingeniería, sino también el espíritu emprendedor y la capacidad de superar desafíos que marcaron parte de la historia de la región.

