Hay noticias que generan opiniones inmediatas. Todos creemos saber qué pasó, quién tuvo razón y cuál debería haber sido el fallo. Pero existen casos que obligan a hacer un ejercicio mucho más difícil: dejar de lado las emociones e intentar comprender cómo funciona la Justicia.

En las últimas horas, un jurado popular declaró no culpable a Marisel «Pili» Solís, la mujer que llegó a juicio acusada por la muerte de su pareja, el ciudadano uruguayo Marcel Xavier González, ocurrida en junio de 2024 en una finca rural de San Pedro.

Muchos recuerdan ese caso. Marcel fue hallado sin vida con 32 heridas cortantes en distintas partes del cuerpo. Desde el primer momento fue una causa rodeada de interrogantes. Hubo peritajes que sostenían que algunas lesiones podían haber sido autoinfligidas; otros estudios pusieron esa hipótesis en duda. También se debatió sobre el consumo de sustancias, sobre los resultados toxicológicos y sobre lo que realmente ocurrió en aquellas horas previas a la muerte.

Y, sin embargo, después de meses de investigación y varios días de juicio, doce ciudadanos comunes tuvieron que tomar una decisión.

Ahí aparece una pregunta que vale la pena hacernos.
¿Qué haríamos nosotros si ocupáramos ese lugar?

Porque muchas veces criticamos una sentencia desde la comodidad de una pantalla o de una charla de café. Pero ser integrante de un jurado popular significa cargar con una responsabilidad enorme.

No son jueces. No son fiscales. No son abogados.

Son vecinos.

Doce personas elegidas al azar que, durante varios días, escuchan a peritos, médicos, investigadores, testigos, fiscales y defensores. Escuchan hipótesis opuestas. Analizan pruebas. Intentan reconstruir una historia que, muchas veces, ni siquiera los investigadores pudieron reconstruir completamente.

Y cuando termina todo, alguien les dice:
«Ahora decidan si esta persona recupera su libertad o pasa gran parte de su vida en prisión.»

Es una decisión que probablemente ninguno de nosotros quisiera tener que tomar.

Porque el jurado no responde una pregunta emocional.

No debe decidir quién le genera más simpatía, quién parece más convincente o qué historia resulta más creíble.

Debe responder una sola pregunta:
¿La Fiscalía logró demostrar, con las pruebas presentadas, que esa persona es culpable más allá de toda duda razonable?

Y esa diferencia es fundamental.

Muchas personas escuchan el término «no culpable» y creen que significa que el hecho nunca ocurrió o que todo quedó esclarecido.

No es así.

«No culpable» significa que la acusación no logró probar, con el grado de certeza que exige la ley, que esa persona cometió el delito por el cual fue llevada a juicio.

Es una garantía que protege a cualquier ciudadano.

Porque la Justicia puede equivocarse.

Y justamente por eso el sistema establece que, si las pruebas no alcanzan para destruir el principio de inocencia, corresponde absolver.

Eso no elimina el dolor de una familia.

No responde todas las preguntas.

No reconstruye lo que ocurrió.

Pero sí recuerda un principio esencial del derecho: nadie puede ser condenado por sospechas, por intuiciones o por presiones sociales. Solo puede ser condenado cuando las pruebas alcanzan el nivel de certeza que exige la ley.

Tal vez el caso de Marcel González nunca deje de generar interrogantes. Quizás siempre haya preguntas sin respuesta.
Y eso también es duro de aceptar.

Porque hay causas donde la Justicia logra identificar al responsable y condenarlo.

Pero también existen causas en las que, aun después de una investigación y de un juicio, las dudas persisten.

Y cuando las dudas persisten, el sistema judicial tiene la obligación de actuar con prudencia.

Quizás la mayor enseñanza que deja este caso no sea discutir si el fallo nos gusta o no.

La verdadera enseñanza es comprender la enorme responsabilidad que asumen doce ciudadanos cuando deben decidir sobre el futuro de otra persona.

Porque, si algún día cualquiera de nosotros estuviera sentado en ese lugar, seguramente entendería que no hay decisión más difícil que juzgar cuando las respuestas no son claras y las pruebas no alcanzan para despejar todas las dudas.

En la provincia de Buenos Aires, cuando una persona es convocada para integrar un jurado popular, la convocatoria tiene carácter obligatorio, como ocurre con el deber de votar. Sin embargo, la ley contempla distintas situaciones en las que una persona puede ser excusada o quedar excluida.

¿Cuándo podés ser excusado?

Algunos ejemplos son:

Tener una enfermedad o impedimento físico o psicológico que impida participar.
Ser mayor de 75 años (puede solicitar la excusación).
Tener obligaciones familiares impostergables, como el cuidado exclusivo de un hijo o una persona dependiente.
Haber integrado recientemente otro jurado.
Tener un viaje impostergable debidamente acreditado.
Otras causas graves que el juez considere justificadas.
¿Quién decide si la excusa es válida?

No lo decide el ciudadano.

La solicitud se presenta ante el tribunal y es el juez quien evalúa la documentación y resuelve si corresponde o no la excusación.

¿Qué pasa si no tenés una causa válida?

Si simplemente decidís no asistir o no responder a la convocatoria, podés tener consecuencias legales, porque se trata de un deber cívico establecido por la ley.

¿Y el día del juicio?

Antes de que quede conformado el jurado definitivo, tanto el fiscal como la defensa pueden recusar a algunos candidatos.

Por ejemplo, si:

conocen a la víctima o al acusado;
tienen algún vínculo con las partes;
ya expresaron una opinión sobre el caso;
existe alguna circunstancia que pueda afectar su imparcialidad.

En esos casos, esa persona no integrará el jurado.

Mucha gente cree que los 12 jurados son elegidos porque «quieren participar». En realidad, la mayoría no se ofrece voluntariamente. Son ciudadanos comunes convocados por el Estado que, salvo que exista una causa legal para excusarse, deben asumir esa responsabilidad.

Cualquiera de nosotros puede recibir esa convocatoria.
El proceso es así:

📋 Se realiza un sorteo a partir del padrón electoral.
📩 Si resultás seleccionada, recibís una notificación oficial.
⚖️ Si no tenés una causa legal para excusarte, debés presentarte.
👥 De ese grupo inicial se eligen finalmente los 12 jurados titulares y los suplentes para el juicio.