En apenas dos días, San Pedro volvió a registrar una preocupante seguidilla de accidentes de tránsito. Cuatro siniestros, varios de ellos con motocicletas involucradas y personas heridas, reflejan una realidad que hace tiempo dejó de sorprendernos, pero que no por eso debería naturalizarse.
El último ocurrió esta mañana en la intersección de 3 de Febrero y Uruguay, donde dos mujeres resultaron heridas tras un choque entre motos. Antes, los partes policiales ya habían informado otros tres accidentes en distintos puntos de la ciudad, incluyendo menores lesionados y motociclistas trasladados al hospital.
Aunque no existen estadísticas públicas actualizadas y detalladas sobre siniestros viales en San Pedro, la repetición constante de hechos similares empieza a marcar una tendencia visible. Las motocicletas aparecen cada vez con más frecuencia en los partes policiales diarios y, detrás de muchos de esos accidentes, se mezclan distintos factores que ya no pueden ignorarse.
Por un lado, la responsabilidad individual. Exceso de velocidad, maniobras imprudentes, falta de casco, distracciones al volante y conductores que no respetan prioridades de paso forman parte de escenas cotidianas que terminan convirtiéndose en un peligro para todos.
Pero también hay otra realidad que los vecinos conocen demasiado bien: el estado de las calles. San Pedro presenta un deterioro generalizado en múltiples barrios, con pozos, baches, asfaltos destruidos y sectores completamente abandonados donde circular se vuelve un riesgo permanente, especialmente para motociclistas.
Muchas veces, una maniobra brusca para esquivar un pozo, una calle mal señalizada o directamente destruida termina siendo el desencadenante de un accidente. Y aunque la imprudencia existe y debe señalarse, también sería injusto ignorar que la infraestructura vial de la ciudad juega, en muchos casos, en contra de quienes transitan diariamente.
A todo esto se suma otra situación que pocas veces se menciona: el enorme movimiento que generan estos hechos en el sistema de salud. Cada accidente implica ambulancias, médicos, enfermeros y personal de guardia trabajando contrarreloj para asistir heridos, muchas veces en jornadas donde el hospital ya se encuentra saturado.
La problemática vial no puede analizarse desde un único lugar. Requiere controles, educación, mantenimiento urbano y también conciencia social. Porque mientras algunos conductores siguen manejando como si las normas fueran opcionales, otros deben enfrentarse todos los días a calles rotas, oscuras y peligrosas.
San Pedro necesita discutir seriamente el tránsito antes de que los accidentes sigan aumentando y terminemos lamentando consecuencias mucho más graves. Porque detrás de cada sirena y de cada ambulancia hay familias enteras atravesando situaciones que, muchas veces, podrían evitarse.

