Lionel Messi vuelve a disputar una final del mundo. Argentina enfrenta a España y el país se prepara para acompañar al hombre que convirtió una camiseta en destino, soportó derrotas dolorosas y regresó para llevarnos a la gloria. Puede ser su último partido en un Mundial. Quizás por eso hoy no solo queremos verlo ganar: queremos detener el tiempo.
Hay días que comienzan de una manera diferente. Se nota en las calles, en las banderas que vuelven a aparecer, en las camisetas preparadas desde temprano y en esa ansiedad que no permite pensar en otra cosa.
Hoy juega la Selección Argentina. Hoy se disputa una final del mundo. Pero, por encima de todo, hoy vuelve a jugar Lionel Andrés Messi.
Y aunque nadie quiera decirlo demasiado fuerte, porque pronunciarlo sería comenzar a aceptarlo, posiblemente estemos ante su último partido en una Copa del Mundo.
No estamos preparados.
No queremos llegar a ese momento en el que el árbitro marque el final y la cámara vaya directamente a buscarlo. No queremos imaginar su mirada, su abrazo con los compañeros ni ese posible saludo hacia una tribuna que lo acompañó durante más de dos décadas.
Queremos creer que falta mucho. Que todavía queda otra jugada, otro pase imposible, otro tiro libre, otra gambeta y otra tarde con la camiseta número 10.
Pero el tiempo, ese rival al que Messi pareció desafiar durante toda su carrera, también juega su partido.
El 16 de junio de 2006, un chico de 18 años ingresó al campo de juego frente a Serbia y Montenegro, en Alemania. Llevaba el número 19 en la espalda y una historia enorme todavía por escribir.
En pocos minutos dio una asistencia y convirtió su primer gol mundialista. Nadie podía saber entonces que aquella aparición sería el comienzo del recorrido más extenso y extraordinario de un futbolista en la historia de los mundiales.
Pasaron 20 años, seis Copas del Mundo, alegrías inmensas y derrotas que parecían imposibles de superar.
Estuvo Alemania 2006, con la ilusión del debut. Sudáfrica 2010, con la frustración de no poder convertir. Brasil 2014, con aquella final perdida frente a Alemania y una imagen que todavía duele: Messi pasando junto a la Copa sin poder tocarla.
Después llegó Rusia 2018, cuando todo parecía romperse, y finalmente Qatar 2022, donde levantó el trofeo que el fútbol le debía.
Hoy, a los 39 años, vuelve a estar frente a él.
Messi no llegó hasta acá para despedirse
Muchos pensaron que este Mundial sería un homenaje. Una última participación para acompañar al capitán y agradecerle todo lo que había entregado.
Messi decidió otra cosa.
Llegó para competir, conducir y volver a ser determinante. Marcó ocho goles en el torneo y entregó cuatro asistencias. Hizo un triplete ante Argelia, convirtió dos veces frente a Austria y volvió a aparecer contra Jordania, Cabo Verde y Egipto.
Cuando Argentina necesitó sobrevivir ante Inglaterra, también estuvo allí. A cinco minutos del final, con la Selección abajo en el marcador, asistió a Enzo Fernández para el empate. Después inventó otra jugada extraordinaria y, con la derecha, dejó a Lautaro Martínez frente al gol que nos depositó en la final.
A esta altura ya no sorprende que Messi haga cosas imposibles. Lo verdaderamente extraordinario es que todavía consiga emocionarnos como la primera vez.
Los récords de una leyenda
La final frente a España será su partido número 34 en Copas del Mundo, ampliando una marca histórica que ya le pertenece. También disputará su tercera definición mundialista, después de Brasil 2014 y Qatar 2022.
Con ello igualará a Cafú como los únicos futbolistas que estuvieron en cancha en tres finales. Pelé integró tres planteles campeones, pero una lesión le impidió disputar la definición de Chile 1962.
Messi suma 21 goles mundialistas y llega a esta final a uno de Kylian Mbappé, quien alcanzó los 22 y pasó a encabezar la tabla histórica. También acumula 12 asistencias en sus seis participaciones, otro registro extraordinario.
Pero existe una cifra que resume mejor su vigencia: en este Mundial, con 39 años, participó directamente en 12 goles argentinos.
Puede convertirse, además, en bicampeón del mundo. Una conquista consecutiva que solamente lograron Italia, en 1934 y 1938, y Brasil, en 1958 y 1962. Si Argentina vuelve a coronarse, Messi y otros 16 integrantes del plantel igualarán a Daniel Passarella como los únicos argentinos con dos medallas mundialistas.
Todos son números enormes. Sin embargo, ninguno alcanza para explicar lo que Messi representa.
Porque hay historias que no caben en una estadística.
El hombre que se levantó de todas las derrotas
Messi también fue cuestionado. Le dijeron que no sentía la camiseta, que no cantaba el himno y que nunca podría hacer con Argentina lo que hacía en Barcelona.
Perdió finales. Lloró. Se fue.
El 27 de junio de 2016, precisamente en el estadio MetLife donde hoy volverá a jugar, anunció que su ciclo con la Selección había terminado. Acababa de perder otra final de la Copa América frente a Chile y cargaba sobre sus hombros con frustraciones propias y ajenas.
“La Selección se terminó para mí”, expresó aquella noche.
Pero regresó.
Y su regreso cambió la historia. Llegaron la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar, otra Copa América en 2024 y esta nueva final del mundo.
No volvió para demostrarles algo a quienes lo criticaban. Volvió porque, incluso después de todas las heridas, seguía queriendo jugar con la camiseta argentina.
Por eso su historia trascendió el fútbol. Messi nos enseñó que también los mejores caen, dudan y se cansan. Que la grandeza no consiste en no perder, sino en encontrar una razón para intentarlo una vez más.
Hoy también jugamos contra el tiempo
Argentina enfrentará a España en el estadio MetLife de Nueva Jersey. Será una final entre el campeón vigente y una selección española que llega invicta, pero también un encuentro atravesado por una pregunta que nadie puede responder: ¿será realmente el último baile de Messi en un Mundial?
La lógica indica que sí. En 2030 tendrá 43 años.
Pero la lógica nunca fue suficiente para explicar a Lionel Messi.
Quizás vuelva a sorprendernos. Quizás todavía quede alguna página que nadie se anima a imaginar. Hoy no importa. Hoy debemos mirarlo, disfrutarlo y guardar cada momento, porque estamos frente a una de esas historias que recién terminamos de comprender cuando empiezan a convertirse en recuerdo.
No sabemos cómo terminará la final. El fútbol no promete justicia y Messi lo aprendió antes que nadie. Una victoria no agregará nada imprescindible a su legado y una derrota tampoco podrá quitarle lo conseguido.
Ya no tiene que demostrar nada.
Hoy juega por otra estrella, por sus compañeros, por su familia y por millones de argentinos. Pero también juega por aquel chico de 18 años que entró con el número 19 en Alemania y se animó a soñar una historia que parecía imposible.
Ojalá levante otra vez la Copa.
Ojalá la última imagen sea la que todos soñamos.
Y si finalmente este es su último partido en un Mundial, no será solamente una despedida. Será el cierre de una época de nuestras propias vidas. Porque mientras Messi crecía, caía y volvía a levantarse, nosotros también fuimos creciendo junto a él.
Por eso hoy habrá alegría, nervios y una emoción difícil de contener.
Hoy es nuestro día.
El día de Argentina.
El día de Lionel Messi.
Y aunque sepamos que ningún baile dura para siempre, todavía no estamos listos para que termine.
Datos contrastados con los informes previos a la final publicados por FIFA, Associated Press y Reuters.



