Ocurrió durante la madrugada del 1° de septiembre en un establecimiento ubicado sobre callejón El Cielito. Los delincuentes quedaron registrados por las cámaras de seguridad portando armas de fuego, palos y una maza. La propietaria estima pérdidas superiores a los dos millones de pesos y expresó su impotencia ante Crónica San Pedro: “Trabajamos 24/7 y ahora tampoco podemos dormir ni descansar”.
Un violento hecho delictivo ocurrido en Río Tala dejó importantes pérdidas económicas y una profunda sensación de impotencia en los propietarios de un criadero de lechones ubicado sobre callejón El Cielito.
Esta mañana, Crónica San Pedro dialogó con la propietaria del establecimiento, quien relató que los delincuentes ingresaron en dos oportunidades durante la madrugada del 1° de septiembre.
El primer episodio se produjo poco después de la medianoche y quedó registrado por las cámaras de seguridad instaladas en el lugar.
Según relató la damnificada y puede observarse en las imágenes aportadas a la investigación, los intrusos se movilizaban con armas de fuego, palos y una maza. Durante el ataque golpearon a los animales y posteriormente se llevaron varios ejemplares.
Pero el episodio no terminó allí.
Alrededor de las 3:30 de la madrugada, los delincuentes habrían regresado y accedido a otro de los galpones del establecimiento.
“Ingresaron este 1° de septiembre en dos oportunidades. Primero a las doce y pico de la noche y después, alrededor de las tres y media, entraron a otro galpón”, relató la propietaria.
De acuerdo con la primera estimación realizada por los damnificados, fueron sustraídos alrededor de 15 lechones, entre ellos hembras reproductoras, lo que incrementa considerablemente el perjuicio ocasionado al emprendimiento.
La propietaria calculó que solamente en animales la pérdida supera los dos millones de pesos.
“Veníamos zafando porque alrededor ya venían robando”, señaló, dando cuenta de la preocupación que existía previamente por hechos ocurridos en la zona.
Pero al daño económico se suma ahora otro problema: tener que reforzar todavía más la seguridad del establecimiento para poder continuar trabajando.
“Trabajo todo el día, trabajamos 24/7 y no podemos dormir, descansar. Ahora, además, el gasto viene en más seguridad, más cámaras y más iluminación. No es justo”, expresó con angustia.
La denuncia y las filmaciones ya fueron entregadas
La damnificada también manifestó su malestar por las dificultades que atravesó para completar los trámites correspondientes a la denuncia.
Según contó a este medio, debió concurrir en dos oportunidades a la dependencia policial, una alrededor de las 8 de la mañana y otra cerca de las 14, hasta finalmente dejar formalizado el hecho.
También fueron entregados los registros de las cámaras de seguridad, material que podría resultar determinante para intentar identificar a los responsables.
Las imágenes documentan parte de la secuencia y muestran el nivel de violencia con el que actuaron quienes ingresaron al establecimiento.
El caso genera especial preocupación no solamente por el importante perjuicio económico provocado, sino también por la utilización de armas y la violencia desplegada durante el robo, además de la decisión de regresar al mismo establecimiento pocas horas después.
Para una familia que trabaja diariamente en la producción, el daño no termina en los animales sustraídos: ahora deberá afrontar nuevos gastos para intentar proteger aquello que constituye su fuente de trabajo.
“No es justo”, resumió la propietaria, entre la impotencia y la preocupación de que pueda volver a ocurrir.

