Hoy se jubila una seño de jardín… pero la verdad es que no se va solamente una docente.

Se va esa persona que durante años recibió mochilas cargadas de sueños, lágrimas, miedos, dibujos arrugados y abrazos apurados antes de entrar a la salita.

Se va alguien que acompañó infancias enteras dejando amor en cada rincón.

Hay maestras que enseñan canciones, números y colores. Y hay otras que enseñan humanidad. De esas que sostienen con una mirada, que abrazan con el alma, que hacen sentir a cada familia que sus hijos están cuidados de verdad.

Porque un jardín no es solo un lugar donde los chicos aprenden. Es el primer espacio donde muchas veces empiezan a descubrir el mundo lejos de casa. Y cuando del otro lado hay una seño amorosa, empática e inclusiva, todo cambia. Las familias descansan el corazón.

Hoy se jubila una de esas maestras que dejan huellas profundas. De las que estuvieron en los días felices y también en los momentos más difíciles, sosteniendo a los chicos y a las familias incluso cuando el dolor atravesó la salita.

Y aunque las jubilaciones marquen un final, hay personas que jamás se van del todo. Porque quedan en los recuerdos de cada acto, en las manitos pintadas de témpera, en las canciones aprendidas, en los abrazos antes de salir y en el corazón de cada mamá que alguna vez sintió: «Qué tranquilidad saber que mi hijo está con ella».

Gracias por tanto amor. Gracias por hacer del jardín un segundo hogar. Y gracias por demostrar que las grandes maestras no solo enseñan… también dejan pedacitos de su alma en cada infancia que acompañan. 💕

Siempre te vamos a recordar.

Las familias de Sala Rosa — Turno Mañana, Jardín Mataderos.