El duro y estremecedor relato de Sandra, la madre de la joven sampedrina de 28 años que atravesó una gravísima crisis de salud, múltiples internaciones y 51 días en terapia intensiva
Después de meses de angustia, miedo, internaciones, derivaciones y una lucha desesperada para conseguir respuestas, la noticia que hoy trae un poco de alivio es que Mónica Manresa, ya está en su casa, donde comenzó una nueva etapa de recuperación rodeada de su familia y con seguimiento de distintos profesionales.
La confirmación llegó a través de un mensaje enviado por su mamá, Sandra, quien después de todo lo vivido también quiso agradecer el acompañamiento recibido y compartir que, aunque el camino sigue siendo largo, hoy siente que lo más importante finalmente ocupa el lugar que corresponde.
“Primero, antes que nada, quiero agradecerte a vos y a todas las personas que dejaron sus mensajitos y contarles que Mónica ya está en casa. Si bien no está de alta definitivo, está haciendo la rehabilitación un poquito en casa y a partir de la semana que viene por consultorio. También tiene un grupo de profesionales que vienen a casa: psicólogo, neurólogo, tendrá seguimientos con clínicos, dermatóloga, nutricionista, neumonólogo. Si bien todo el resto que ya sabemos tendrá su proceso, por el momento lo principal es la salud de Mónica, y hoy sí siento que está en primer lugar”, expresó.
Fue un mensaje breve, pero profundamente conmovedor. Porque detrás de esas palabras hay meses enteros de sufrimiento, de impotencia y de una madre que asegura haber golpeado todas las puertas posibles antes de decidir contar públicamente lo que estaba viviendo su hija.
Sandra remarcó además: “Desde ya y de todo corazón, gracias, porque fuiste un eslabón importante para que se escuche Mónica. Ojalá nunca nadie tenga que pasar por lo que pasó ella, pero ahora solo tengo que mirar para adelante como una guerrera con mayúscula, como le digo yo”.
Ese presente esperanzador contrasta con un recorrido durísimo, que ella misma reconstruyó en un testimonio extenso y cargado de dolor.
“Mónica era una chica normal, solo tenía problemas para dormir”
Según relató Sandra, todo comenzó tiempo atrás, cuando Mónica empezó con trastornos para dormir. En un principio acudía a la guardia, donde la medicaban y volvía a su casa, pero al día siguiente los problemas persistían.
“Mónica era una chica normal. Si bien puede ser que haya tenido algún problema depresivo por determinadas situaciones que vivió durante ese año, cosas que podrían haber desencadenado algún tipo de depresión, yo no digo que no. Pero Mónica caminaba, iba a la reunión del hijo de la escuela. Solo tenía problemas para dormir”, explicó.
Con el correr de los días, desde la guardia le indicaron que debía ver a un psiquiatra porque consideraban que lo que tenía era un problema psiquiátrico. Sandra decidió acompañarla a los consultorios, donde fue atendida y medicada. Pero, lejos de mejorar, asegura que el cuadro comenzó a empeorar.
Una noche, tras haber comenzado con esa medicación, Mónica se descompensó y volvieron a la guardia. Allí, según contó su madre, la joven manifestó que no podía dormir y que escuchaba voces que le decían que se lastimara y que se muriera.
A partir de ese momento, quedó internada.
La internación y un cuadro que, según su mamá, se agravó en lugar de mejorar
Sandra sostiene que, desde el inicio de la internación, advirtió que su hija no estaba mejorando.
“Yo decía que Mónica estaba mal, que no mejoraba. Lejos de mejorar, cada vez estaba peor”, relató.
Explicó que, según lo que veía dentro del hospital, había dos criterios médicos distintos respecto del tratamiento psiquiátrico: uno indicaba inyectables y otro pastillas. Pero, de acuerdo con su relato, Mónica recibía ambas cosas y también “rescates”, que definió como medicación para sedarla y dejarla quieta cuando aseguraban que estaba teniendo brotes psicóticos.
“Tenía inyectables, pastillas y rescates. Los rescates eran para doparla, para dejarla quieta, digamos. Porque según ellos, ella tenía brotes psicóticos”, expresó.
Lo que más la alarmó fue que esas crisis, según dijo, no se parecían en nada a cómo había estado su hija en su casa antes de ser internada.
“Ella se daba contra el piso, caminaba con los ojos cerrados, dura, por los pasillos del hospital. Todo eso pasó estando internada. Antes en mi casa nunca había pasado”, afirmó.
Sandra insistía en que algo no estaba bien con la medicación y planteaba si los síntomas no podían ser consecuencia o reacción a lo que le estaban administrando. Pero la respuesta que recibía, según contó, era que había que esperar a que la medicación hiciera efecto.
La decisión de retirarla del hospital y la consulta con otro profesional
Desesperada por el estado en el que veía a su hija, Sandra decidió retirarla del hospital bajo su responsabilidad para hacerla ver con otro profesional fuera de ese ámbito y también consultar a su médico de cabecera, teniendo en cuenta además que Mónica es paciente epiléptica.
“Les dije que me la iba a llevar. Me dijeron que si me la llevaba me tenía que hacer cargo. Yo respondí que sí, que me dijeran dónde firmar, porque la iba a hacer ver afuera con otro profesional psiquiátrico y con su médico de cabecera, porque Mónica es epiléptica”, recordó.
Finalmente logró sacarla y llevarla a una clínica privada de San Pedro, donde fue evaluada por su profesional que, siempre según el relato de la madre, la encontró en un estado alarmante.
“La vio rígida y totalmente sin poder ni tragar. Ni tragar podía Mónica. Estaba dormida totalmente, se babeaba, estaba dura”, describió.
Ese médico, según Sandra, le dijo que había que bajarle totalmente la medicación y cambiar el enfoque terapéutico.
La crisis de diciembre y el nuevo ingreso al hospital
Pocos días después, ya en diciembre, Mónica sufrió una crisis en su casa. La ambulancia intervino y Sandra decidió ir a buscarla.
Esa noche la llevó con ella. Su hija le pidió que la abrazara para dormir. A la mañana siguiente, convulsionó.
Como Mónica padece epilepsia y su madre conoce bien cómo son esos cuadros, llamó de inmediato a la ambulancia. Así volvió a ingresar a la guardia del hospital, esta vez por una convulsión.
Sandra insistió en ese momento en que no se confundiera ese episodio con un cuadro psiquiátrico.
“Yo les dije que Mónica no estaba en una crisis como las que solían decirle, que tenía ataques de psicosis. Les dije que estaba normal, que se había dormido y se despertó convulsionando”, contó.
Además, sostuvo que el médico de cabecera había dejado en claro que no debían darle determinados fármacos y que, en todo caso, solo podía recibir algo leve para dormir.
“La sedaron igual”
Sandra se retiró esa tarde del hospital para volver a primera hora del día siguiente. Pero al llegar, se encontró con una escena que no olvida.
Antes de entrar escuchó un quejido. Cuando ingresó, descubrió que quien se quejaba era su hija. Al preguntar qué había pasado, le dijeron que había tenido una crisis y que la habían sedado.
“¿Cómo? Si ella es epiléptica. Después de una convulsión queda alterada, pero eso no era para sedarla así”, fue su reacción, según relató.
Asegura que se desesperó al saberlo, porque considera que había una indicación expresa de evitar ese tipo de sedación. A partir de allí, describe horas caóticas, con médicos corriendo, colocación de sueros y un cuadro que ya no revertía.
“Mónica estaba mal. No reaccionaba bien”, resumió.
El colapso, el paro y el traslado a terapia
Sandra sostiene que en un momento su hija entró en un estado crítico frente a sus propios ojos.
“Mónica se puso toda blanca, fría, no respiraba y no reaccionaba. Yo me hago cargo de lo que digo: para mí estaba en paro”, afirmó.
A partir de ese momento comenzó a llamar a toda su familia. Dice que sentía que algo gravísimo había pasado y que necesitaba que alguien respondiera.
Luego, según contó, personal de terapia intensiva acudió de urgencia y la trasladaron. Allí, asegura, Mónica sufrió otro paro cardiorrespiratorio y presentó una falla multiorgánica.
También relató que terminó con neumotórax y que fue necesario colocarle tubos en ambos pulmones, además de ser intubada por boca. Durante ese procedimiento, explicó, extrajeron restos de comida porque se había broncoaspirado.
“Todos los días se muere gente” . En medio de la desesperación de la familia, Sandra recuerda una frase que la marcó para siempre.
Según relató, una autoridad del sector de terapia salió a hablarles y dijo algo que ella recuerda como “todos los días se muere gente”.
“Yo me puse como loca, porque era mi hija la que estaba ahí. Mi hija no era drogadicta, no era alcohólica, no era una chica perdida. Ella no pidió estar en esa situación”, expresó.
La derivación a Junín y un traslado que, según le dijeron, fue “una locura”
En medio de ese estado crítico, la familia debió firmar el consentimiento para trasladar a Mónica a Junín. Sandra recordó que le advirtieron que su hija estaba grave y que incluso podía morir durante el viaje.
Sin embargo, aceptó porque quería salvarla.
“Me fui con el corazón en la boca, pero la arriesgué a Junín porque quería que Mónica se salvara”, contó.
Y llegó.
“Se salvó. Si lo que esperaban era que no llegue, Mónica fue dura y llegó. Llegó muy grave a Junín”, dijo.
Una vez allí, según relató, los médicos que la recibieron le habrían manifestado que había sido una locura trasladarla en esas condiciones.
51 días en terapia intensiva
Mónica permaneció 51 días internada en terapia intensiva en Junín. Durante ese tiempo, los médicos lograron estabilizar su cuadro agudo.
Sandra explicó que le realizaron resonancias, estudios neurológicos y otros controles, y que no surgieron tumores ni lesiones cerebrales estructurales.
“Los terapistas la sacaron del cuadro agudo. No hay tumor, no hay fisura en el cerebro. Lograron estabilizarla”, relató.
También detalló que durante buena parte de ese tiempo no podían despertarla del todo, porque al intentar reducir la sedación no respondía a estímulos o se alteraban parámetros vitales.
“Ella estuvo 51 días dormida. Movía los ojos, pero no respondía a estímulos. La tenían que volver a sedar porque se alteraba todo, el corazón, todo”, explicó.
El regreso, otra pelea y una acusación dolorosa
Cuando finalmente logró estabilizarse, desde Junín indicaron que Mónica debía regresar a su hospital de origen, ya que no era paciente de esa ciudad y, una vez superada la urgencia, correspondía que continuara allí su tratamiento o fuera derivada por ese establecimiento a otro centro de mayor complejidad si fuera necesario.
Pero ese regreso, según Sandra, también fue conflictivo.
La madre aseguró que cuando desde Junín solicitaron la cama, les respondieron que no podían recibirla porque tenían “una familia conflictiva”.
“La familia conflictiva seríamos nosotros”, expresó con dolor.
Aun así, luego de gestiones, Mónica regresó.
El cuadro actual y el desgaste total de la familia
Sandra describió a su hija como una joven que hoy enfrenta secuelas físicas severas. Contó que perdió toda la masa muscular, que quedó “piel y hueso”, con importantes escaras y con una rehabilitación compleja por delante.
Además, denunció el enorme desgaste económico y emocional que atraviesan. “Yo toqué fondo. No tengo más una moneda. Mi marido trabaja para pagar la persona que la cuida. Yo estoy día y noche y no doy más”, dijo.
También manifestó su enojo ante propuestas que consideró insuficientes.“No quiero plata. Me ofrecieron un subsidio por tres meses de 100.000 pesos. Es una vergüenza. Yo no quiero plata. Quiero que Mónica tenga la atención que necesita”, sostuvo.
Su reclamo fue claro: si no pueden atenderla adecuadamente, que la deriven. Pero asegura que se encontró con la dificultad de que Mónica no tiene obra social y que los trámites avanzan lentamente.
Hoy, una luz en medio de tanto dolor
Pese a todo, hoy la historia tiene una luz distinta. Mónica está en su casa. No tiene alta definitiva, pero inició una etapa de rehabilitación en el hogar y continuará por consultorios. Cuenta con acompañamiento de distintos profesionales y, por primera vez en mucho tiempo, su mamá siente que la salud de su hija está siendo puesta verdaderamente en primer lugar.
Ese es, hoy, el dato más importante.
Después de meses de dolor, Sandra eligió mirar hacia adelante.
Con el cuerpo agotado, pero con la esperanza intacta, lo dijo con una frase que resume todo:“Ahora solo tengo que mirar para adelante, como una guerrera con mayúscula”.
Y en esa definición entra todo: Mónica, su lucha, su recuperación y el deseo profundo de su familia de volver a verla de pie, recuperando de a poco su vida, su rutina y esos pequeños grandes momentos que hoy parecen gigantes, como volver a buscar a su hijo a la escuela.
La entrevista en vivo realizada el 10 de marzo de 2026



