El trágico choque de dos trenes de alta velocidad en Adamuz, al sur de España, dejó un saldo de al menos 41 muertos y más de 120 heridos, de las cuales más de 20 se encuentran en grave estado. Rigen los tres días de luto decretados por el Gobierno español.
Mientras continúan los trabajos de la maquinaria pesada para intentar avanzar en la búsqueda de víctimas fatales entre los vagones más dañados en el trágico accidente del domingo en Adamuz, crece la expectativa en la zona ante la inminente llegada de los reyes de España.
Los reyes Felipe VI y Letizia, acompañados de la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, irán a la zona del accidente y también se verán con algunos de los heridos que siguen hospitalizados.
Los equipos de rescate que se encuentran en el lugar intentan, en particular, levantar los vagones de uno de los trenes, que cayeron en un terraplén desde una altura de 4 metros.
Para ello, llegaron varias grúas. En su comunicado, el gobierno andaluz explicó que se «han realizado labores de compactaciones del terreno» para afianzar las grúas.
El presidente de la región de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, había calculado el lunes por la noche que las autoridades necesitarían entre «24-48 horas» para determinar «a ciencia cierta» el número de víctimas del accidente
Buscan determinar qué pasó en un lugar donde las vías van rectas y habían sido remodeladas hace ocho meses.
Pasaron apenas 20 segundos entre el descarrilamiento del tren que viajaba el domingo desde Málaga a Madrid y el brutal impacto de sus últimos vagones contra el ferrocarril que circulaba en dirección contraria, de Madrid a Huelva.
Hasta este lunes, la tragedia ferroviaria que vive Andalucía, la región más poblada de España, contabilizaba ya 40 muertos y 152 heridos. Aún hay pasajeros desaparecidos.
Desde el consulado argentino en Madrid confirmaron a Clarín que, por ahora, no habría argentinos entre los fallecidos.
Ocurrió el domingo, a la altura de Adamuz, un pueblo de la provincia de Córdoba de unos 4.000 vecinos, cuando el choque entre los trenes, que circulaban en sentidos opuestos a más de 200 kilómetros por hora, provocó el desprendimiento de unos tres vagones que cayeron por un terraplén de cuatro metros.
El impacto fue tan brutal, que quedaron separados unos 500 metros unos de otros.
“Fue imposible actuar”, dijo Alvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe, la empresa pública española que opera los trenes y el traslado de pasajeros y mercancías.
“El intervalo de tiempo entre un tren y otro que se cruzaban en sentidos contrarios ha sido de 20 segundos y, por lo tanto, es imposible que actúe el mecanismo (de seguridad), ya que es el tiempo de activar el frenado y resulta demasiado tarde”
“A las 19.45 el tren 6189 de Iryo, que realizaba el trayecto Málaga-Atocha, descarriló en Adamuz, invadió la vía contigua y provocó el descarrilamiento del tren Alvia 2384 Madrid-Huelva que circulaba por dicha vía”, señala la compañía en un comunicado.
El tren Iryo tenía cinco años, había pasado su última revisión el 15 de enero y en él viajaban 289 pasajeros, cuatro tripulantes y el maquinista.
Iryo es una compañía italiana que opera en España desde noviembre de 2022. Es la segunda empresa en cantidad de viajeros que transporta y pertenece, en un 51 por ciento, al Estado italiano que la gestiona a través de la sociedad pública Ferrovie dello Estato.
La otra formación accidentada era un Alvia, un tren de Renfe considerado “híbrido” porque combina su circulación por tramos de alta velocidad con vías convencionales.
“Muy raro, muy difícil de descifrar”, calificó el accidente el ministro de Transporte, Oscar Puente, en la madrugada de este lunes.
Puente subrayó que las vías por las que circulaban los trenes habían sido remodeladas -dentro de un plan de obras en el que se invirtieron 700 millones de euros- hace ocho meses y que la tragedia ocurrió en un tramo recto, lo cual vuelve aún más incomprensible qué pudo haber fallado.
Clarin
