La Selección Argentina volvió a hacer historia y el país entero respondió de la misma manera: con un grito unánime de emoción. Tras la agónica victoria por 2 a 1 frente a Inglaterra, el equipo dirigido por Lionel Scaloni se clasificó a la final de la Copa del Mundo 2026, desatando una celebración multitudinaria que se extendió de norte a sur del país.

Apenas el árbitro marcó el final del encuentro, miles de personas comenzaron a salir a las calles con banderas, camisetas, bombos y bengalas para celebrar una nueva hazaña de la Scaloneta. Desde Ushuaia hasta La Quiaca, plazas, avenidas y centros urbanos se transformaron en escenarios de una fiesta popular que volvió a unir a los argentinos detrás de una misma ilusión.

Como ocurre en cada gran conquista deportiva, el Obelisco fue el principal punto de encuentro en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, una marea celeste y blanca copó el centro porteño en cuestión de minutos, mientras el festejo se replicaba simultáneamente en cada provincia del país.

En Rosario, miles de hinchas se reunieron frente al Monumento Nacional a la Bandera; en Córdoba, la celebración tuvo como epicentro el tradicional Patio Olmos; y escenas similares se vivieron en Mendoza, Tucumán, Salta, Neuquén, Mar del Plata y decenas de ciudades más.

Uno de los momentos más emotivos se vivió en Villa Devoto, frente a la casa donde vivió Diego Armando Maradona durante la década del 80. Allí, cientos de personas entonaron canciones en homenaje al capitán campeón del mundo de 1986, recordándolo como una figura inseparable de la historia del fútbol argentino.

La pasión también cruzó las fronteras. En distintas ciudades del mundo donde residen argentinos hubo celebraciones espontáneas. Una de las más multitudinarias se registró en Madrid, donde cientos de hinchas colmaron la Puerta del Sol, justamente en la ciudad del país que será el próximo rival de la Selección.

Ahora toda la ilusión está puesta en el domingo 19 de julio, cuando Argentina buscará defender el título conseguido en Qatar 2022 y conquistar el bicampeonato mundial frente a España.

Una vez más, el fútbol consiguió algo que pocas cosas logran: convertir a todo un país en un solo abrazo.