El teatro y café Wojtyla presentará hoy
“Cucaracha sumida en el armario”, de la dramaturga portuguesa Carla Guilmaraes, por lo que cuenta con la actuación especial de Marina Seery, Directora del lugar

Las entradas son anticipadas y tienen un valor de 1000 pesos

El espacio cultural se encuentra ubicado en Pellegrini 378, donde pueden acercarse antes a requerir su entrada

La sinopsis plantea los ejes centales de la autora: “Encerrada en el armario de caoba de la habitación de la criada …

Cucaracha sumida en el armario

Una mujer encerrada. El espacio es claustrofóbico. Las paredes le oprimen. La
mujer parece tener un ataque de ansiedad. Respira con dificultad, suda, tiembla,
llora. Coge una bolsa de papel y respira dentro de ella. Intenta calmarse. Golpea las
paredes con fuerza, desesperada. De pronto, grita:

¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Sacadme de aquí! ¡Sacadme de aquí! ¡Estoy aquí dentro! ¡Aquí! ¿Alguien me
escucha? ¡Estoy aquí! ¡En el armario! ¡Al fondo de la cocina! ¡En la habitación de la criada!
¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Sacadme de aquí! ¿Alguien me escucha? ¡Por favor! ¡Estoy aquí dentro!
¡Aquí! ¡En el armario! ¡Al fondo de la cocina! ¡En la habitación de la criada!

Si no hubiese despedido a la criada… Si no la hubiese despedido nada de esto hubiese pasado. Yo no estaría aquí, no estaría aquí encerrada… ¿Y ahora qué? ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?

¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Por favor! ¡¿Alguien me escucha?! ¡Estoy aquí! ¡En el armario! ¡Al fondo de la cocina!

¡En la habitación de la criada!
Si no la hubiese despedido… Si no la hubiese despedido jamás hubiera entrado en su habitación.

¡Eso para empezar! Pero quería ver en que estado me la había dejado y si tendría que hacer algún arreglo antes de que llegara la nueva asistenta… La habitación estaba perfecta. Limpia, arreglada, pulcra, organizada… y muerta, sin ningún vestigio de vida, como si hubiese pasado años deshabitada. El colchón desnudo sobre la cama de muelles, ninguna almohada. La mesita de noche desierta, sin ni siquiera un adorno. Las paredes vacías, de color “blanco-nada”, el suelo irregular y el techo presidido por una triste bombilla que jamás sabré si funciona o no, porque me han metido aquí antes siquiera de poder comprobarlo.

Cuando entré la luz intensa del sol bañaba todo el cuartito, revelando todos y cada uno de sus
rincones. Revelando su pequeñez, su insignificancia, su nimiedad, revelando el vacío que hay al fondo de la cocina, como si nadie nunca hubiese estado aquí antes, como si la habitación misma no existiera, como si no formara parte de mi piso, como si no formara parte de mi vida. Si no la hubiese despedido… Si no hubiese despedido a la asistenta jamás habría abierto la puerta del diminuto guardarropa de caoba, jamás habría sentido el olor a encerrado, a naftalina, a humedad añeja que desprendía de la vieja madera del armario donde cabían todas las pertenencias de la criada y donde ahora quepo solo yo.

¡Sacadme de aquí! ¡Sacadme de aquí! ¡Por favor! ¡¿Alguien me escucha?! ¡¡¡Sacadme de aquí!!!
Escucha un ruido. Un ruido casi imperceptible. Se detiene.

Lo escucha otra vez. Parecen pasos, pasos pequeñitos que se deslizan alrededor del
armario. Se queda en silencio, aterrada. De pronto, armada de valor, grita:

¡Ábreme la puerta ahora mismo! ¿Me has oído? ¡Sé que me puedes oír perfectamente! ¡Abre la
puerta ahora mismo! ¿Quién crees que eres para meterme aquí? ¡Esta casa es mía y tú no eres nada más que una visita indeseable! ¡Ábreme la puerta ahora mismo, te he dicho!

Que sepas que en cualquier momento alguien va a descubrirme aquí. Tu plan está destinado a
fracasar. ¿Cuánto tiempo crees que puedo estar encerrada en este armario sin que nadie desconfíe, sin que nadie note mi ausencia? Mi marido está de viaje, pero puede llamar en cualquier momento.

En cualquier momento el teléfono puede sonar, y cuando digo en cualquier momento puede ser
ahora mismo…

La mujer se detiene esperando el sonido del teléfono. Silencio. La mujer se
decepciona. Sigue su discurso.

¡Tengo amigos! Se van a dar cuenta de mi desaparición. Me van a llamar, van a venir a buscarme…

¡Mañana llega la nueva asistenta! En cuanto escuche el timbre de la puerta, voy a empezar a gritar como una loca. Me escuchará desde fuera y seguro que llama al portero… ¡El portero, claro, el portero! El portero me trae la correspondencia todos los días. Le va a parecer raro ver las cartas acumuladas bajo la puerta. No le he dicho nada sobre irme de viaje, no estoy enferma, se va a preguntar qué ha ocurrido, tiene una copia de la llave de mi piso, seguro que entra a ver si todo está
bien, o llama a los vecinos para preguntar si han escuchado algo raro… ¡Claro! ¡Los vecinos! ¡Los vecinos se van a dar cuenta! Saben perfectamente que mi casa es muy silenciosa, siempre he sido muy respetuosa con demás, nunca he molestado a nadie, nunca han venido a mi puerta a decir que baje el volumen de la música ni nada por el estilo… Mis gritos darán la voz de alerta ¡y llamarán a la policía! La policía va a derribar la puerta y me van a sacar de aquí. De una manera o de otra tu
plan está destinado a fracasar. ¡No podrás mantenerme aquí dentro para siempre! En algún
momento saldré y cuando lo haga te voy a matar. ¿Lo sabes, no? Dalo por seguro, te voy a matar.
Escucha los pasos otra vez.

¡No! ¡No te vayas! ¡No te vayas! ¡Ahora me vas a escuchar! Te voy a matar. No es una manera de
hablar, te voy a matar literalmente, sin metáforas y sin remordimientos. No es una amenaza, es una promesa. Prometo solemnemente que te voy a matar en cuanto salga de este maldito armario. Te perseguiré por toda la casa si hace falta, no me importan los testigos, que vean, que todos vean cómo te asesino. Me suplicarás que no lo haga, pero aunque me lo pidas de rodillas, aunque intenten detenerme, te voy a matar por haberme hecho eso. ¡Por haberme metido aquí! ¿Sabes que sufro de claustrofobia? Odio los espacios pequeños… No los soporto. Subo y bajo los seis pisos
diariamente por la escalera para no coger el ascensor. ¡Y el ascensor es mucho mayor que este armario!

Respira con dificultad. Coge otra vez la bolsa de papel. Empieza a respirar en la
bolsa hasta que se calma.

Te… voy… te… matar… Te voy a matar… Te voy a matar… No es la primera vez que lo hago y no
será la última. Te pisotearé. Te machacaré hasta escuchar ese ruidito tan molesto que hacéis cuando os pisamos. Crack. (le molesta solo pensar en el ruido). ¡Qué asco! Te pisaré con todas mis fuerzas hasta que salga ese líquido pastoso blanco de tus entrañas, hasta que tus piernas, tu cuerpo, tus antenas, tus alas, tus ojos, todo sea una sola cosa mezclada en esta pasta blanca asquerosa…

Aunque me entren ganas de vomitar, te lo juro, te lo prometo, ¡te voy a matar, cucaracha asquerosa! Repugnante, repulsiva, nauseabunda, sucia, inmunda, mugrienta… ¡Desgraciada!

Autora 👇 Carla Guimaraes

By Jessica