El Grupo Conservacionista publica un documento donde se describe un desastre ambiental en 1859

Un documento de cinco páginas hallado por el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro y fechado en mayo de 1859 narra al detalle, un desastre climático que puso en vilo a la ganadería de toda la zona. De acuerdo a la crónica analizada, centenares de cabezas de ganado, desconcierto de los hacendados y un grave problema de abigeato, eran temas que preocuparon a las autoridades de la época instándolas a redactar una reglamentación que
regulara los inconvenientes sociales que producía el fenómeno.

El documento brinda detalles tremendos de lo ocurrido al mencionar: “La Municipalidad penetrada de lo urgente de una medida que ponga a salvo alguna parte por lo menos de los intereses de los hacendados de este Partido, tan gravemente comprometidos en la actual seca, pues los animales se encuentran ya muertos por centenares, en diferentes localidades ha oído el parecer de varios hacendados y tomado en consideración el consejo de otros, que aleccionados por la experiencia en otras secas, han comprendido la utilidad de adoptar una medida general para todo el Partido”.

Era tan grave la situación que las autoridades expresaban que “el instinto de conservación ha hecho olvidar a todas las haciendas su querencia, que hambrientas y sedientas, andan a la ventura por todos los campos en busca de pasto y aguadas, de modo que se encuentran mesturadas y confundidas con las marcas de todo el partido”.

La situación era tan grave que “muchos hacendados no pueden cuerear sus vacas empantanadas en sus propios campos por falta de peones, y más que todo de suficiente fuerza en sus caballos”, según describe el documento.

Para intentar ordenar, mínimamente, el desastre que se producía con cientos de animales muertos en los campos y el accionar de personas que aprovechaban para cuerear animales ajenos e intentar comerciar con esos cueros, el municipio redacta una ordenanza donde se proclama como el único encargado para llevar adelante la tarea de cuereada y divide el partido por distritos.

En cada uno de ellos arma un “estaqueadero”, que era un lugar de tratamiento y acopio de los cueros de aquellos animales; para luego ser enviados a un depósito general existente en San Pedro.

También se designa a los responsables de cada estaqueadero y la zona en la que podía cuerear cada uno, mencionando que debía ser“un encargado especial de esta operación, que ofrezca las suficientes garantías de responsabilidad y de reconocida hombría de bien”.

Los hombres encargados de cuerear los animales muertos por aquella sequía fueron Don Gregorio Negrete, Manuel Pardo, Roque Palacios, Benjamín Andrada, Marcos Demarchi, Manuel Cobo, Facundo Quiroga, Pedro Vallejos, Don Rosa Ferreyra, Mariano Olivero, Justo Morales, Cornelio N.

Villar, José Gaffarot, Simón Banegas, Ambrosio Canosa, Lorenzo Molero, el mayordomo de Castro, Hipólito Soler, Manuel Obligado, Luis Obligado, Ramón Lavallol y Don Inocencio Oliveros.

Esta sequía fue una de varias que asolaron la región pampeana durante el siglo XIX matando millares de animales y complicando al extremo la subsistencia de muchas familias.

Al respecto, el Dr. Eduardo Tonni, paleontólogo de la Universidad Nacional de La Plata y experto en ambientes del pasado reciente, destacó la importancia histórica del informe rescatado por el Grupo Conservacionista.

Según explica el reconocido paleo climatólogo “Las secas del siglo XIX fueron dominantes en la región pampeana dentro de las condiciones climáticas que con figuraron la llamada Pequeña Edad de Hielo, evento que tuvo una marcada expresión entre el siglo XVIII y bien entrada la segunda mitad del XIX. Una seca singularmente significativa fue la relatada por Charles Darwin cuando visitó Argentina durante su periplo entre 1831 y 1836 a bordo del navío inglés Beagle. Darwin permaneció en distintos puntos del actual territorio argentino desde el 24 de julio de 1833 hasta el 10 de junio de 1834. Según relató el naturalista: ´En tanto viajaba a través del país recibí vívidas impresiones de los efectos causados por la última gran sequía…

El período comprendido entre los años 1827 y 1832 se llama el «Gran Seco» o la gran sequía. Durante ese tiempo fue tan escasa la lluvia caída, que no creció ninguna planta, ni siquiera cardos; los arroyos se secaron, y todo el país tomó el aspecto de un polvoriento camino carretero. Así ocurrió especialmente en la parte septentrional de la provincia de Buenos Aires y meridional de Santa Fe. Pereció un gran número de aves, animales silvestres, ganado
vacuno y caballar por falta de alimento y agua…El cálculo más bajo supone que se perdieron sólo en la
provincia de Buenos Aires un millón de cabezas. Un ganadero de San Pedro tenía 20.000 reses con anterioridad a esos años, y al fin no le quedó ni una´.

El Dr. Eduardo Tonni agrega que “El informe rescatado por el Grupo Conservacionista es otra de las evidencias acerca de las frecuentes secas del siglo XIX.

Parte de esta información fue resumida por los geólogos José María Suriano y Luis Humberto Ferpozzi en el artículo titulado Los cambios climáticos en la pampa también son historia (1993). Allí los autores hacen referencia a ´…lo que los climatólogos han dado en llamar pequeña edad del hielo, que es un período donde las temperaturas medias
mundiales fueron 1/2° o 1° C inferiores a las actuales…´.

La pequeña edad del hielo finalizó a mediados del siglo XIX. Casi todos los viajeros, científicos o no, que visitaron la pampa con anterioridad, coinciden en definir al territorio más allá del Salado como un desierto, y efectivamente eso debió ser (en todo caso una estepa semidesértica) con prolongadas sequías, donde los médanos vivos asomarían aquí y allá. La travesía de Buenos Aires haciaTandil y Bahía Blanca era considerada suicida sin
baqueano y el problema principal no era un encuentro casual con los indios, sino la falta de
agua”, finaliza Tonni.

La transcripción del documento completo puede leerse en el Facebook del Museo:
Museo Paleontológico de San Pedro “Fray Manuel de Torres”