Dólar, Delta y Déficit: las tres “D” que ponen en riesgo el plan del Gobierno para llegar mejor a las elecciones

La actividad se viene reactivando a partir de las aperturas progresivas, pero las ventas del Central de las últimas jornadas y las dificultades para mantener la brecha a raya encendieron luces de alerta en la última semana

Esta vez no le van a poder echar la culpa a Macri ni al FMI. El “cisne negro”, el evento inesperado que complica la administración de reservas del Banco Central proviene del comportamiento de la naturaleza. La histórica bajante del río Paraná provocó en junio un salto de las importaciones de energía de USD 160 millones a USD 900 millones en junio de 2021 respecto a un año atrás, lo que equivale a un incremento de 460%. En julio los números habrían sido similares o incluso más altos.

Aún antes de que se declare la emergencia hídrica, el Gobierno tuvo que acelerar muy fuerte las importaciones de gasoil y fueloil para abastecer a las centrales térmicas y hacer frente a la demanda de energía, debido a la fuerte caída del abastecimiento generado por las hidroeléctricas. Esta situación se mantendría varios meses, a lo que hay que agregarle la falta de nevadas en zona cordillerana, que no sólo está generando pérdidas millonarias a los centros de ski. También mermó el abastecimiento para centrales como El Chocón, por lo que también habrá que salir a buscar combustibles para reemplazarla la disminución de ese aporte.

Los USD 750 millones mensuales que cuesta por mes esta inesperada caída de la producción de energía local no figuraban en los cálculos del presidente del Central, Miguel Pesce, ni del ministro Martín Guzmán. Pero representan un fuerte agujero para la política cambiaria, a la que no le sobra absolutamente nada.

La compra de combustibles ante esta situación crítica provocó un salto de las importaciones a casi USD 6.000 millones mensuales. En parte esto explica por qué el Central tuvo una baja acumulación de reservas en junio y terminó vendiendo U$S 300 millones en las últimas cuatro jornadas de julio, devolviendo parte de los USD 1.000 millones que había comprado en las primeras semanas del mes.

Manta corta

Asi, aparece otra vez el dilema de la “manta corta”. Al Central se le hará cuesta arriba cuidar las reservas y evitar al mismo tiempo que siga aumentando la brecha cambiaria. Ni siquiera la liquidación récord de dólares de las cerealeras (50% por encima del año pasado) le permiten al Gobierno llegar muy tranquilo a las elecciones. Las restricciones impuestas para controlar la cotización del dólar financiero, o “contado con liquidación” sirvieron sólo parcialmente. El dólar libre perdió solo $ 5 en la semana y finalizó a $ 180 y el resto de las cotizaciones continuó muy firme, cerca de la zona de los $ 170, con una brecha cambiaria que sigue estando en alrededor del 75%.

El principal objetivo oficial es evitar que se dispare el dólar antes de las elecciones. Aún tiene cerca de 100 días por delante, en los que seguramente habrá mucha presión de inversores y ahorristas por dolarizarse. La gran pregunta es cómo llegará el BCRA al “día después” de las legislativas del 14 de noviembre. Seguramente será con un poder de fuego mucho más acotado y fuertes presiones para actualizar el tipo de cambio oficial, luego de prácticamente plancharlo durante nueve meses, mientras la inflación se mantiene en torno a 3%.

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